Sociedad desnaturalizada y la maternidad como semilla del cambio

Lo primero de todo, quiero dar las gracias desde aquí a una gran amiga, un diamante para mí, por esas cortas pero intensas conversaciones que tenemos sobre éstos temas y otros. Gracias Alicia por hacerme más consciente.
Antes de ser mamá, ya sentía que la sociedad, con el paso del tiempo se había desnaturalizado, pero ahora lo siento mucho más intensamente.
A veces me preguntaba y me sigo preguntando ¿A que mundo he traido a mi hija India? Es posible que much@s de vosotros no estéis de acuerdo conmigo porque vuestro prisma sea diferente al mío, pero siento (en el alma) como estamos literalmente llevando al fracaso la ardua tarea que la Madre Naturaleza realiza para sostener éste planeta. Quizás penséis que la relación entre traer al mundo a un hijo, y el desastre que estamos provocando sea una relación “cogida con pinzas” o demasiado extremista, pero es mucho más cercana de lo que parece.

Creo que no es necesario que me extienda demasiado explicando como la Tierra se está desmoronando, pues los medios de comunicación y las redes sociales (más éstas últimas por su libertad de expresión mayormente en occidente) se hacen eco de ello para quien quiera escucharlo. Hace poco pude ver una foto que me dejó tocada y triste y fue la del Oso polar desnutrido (Ver imagen) que se encuentra en el Ártico. He leído varias opiniones al respecto en las que describen tal imagen como sensacionalista ya que el Oso lo que está es probablemente enfermo y lesionado. Bien, sea como fuere éste caso en concreto, no podemos negar como el hábitat de muchos animales se está viendo totalmente afectado por la mano del ser humano (¿O deshumano más bien?), consecuencia de las talas de bosques, del exceso de cultivos y la contaminación de la tierra por los productos químicos que se utilizan, la contaminación del agua, del aire, la pesca llevada al extremo con técnicas como el arrastre, del consumo indiscriminado del agua, de la falta de educación en cuanto al reciclaje, etc.

Mi proceso de sensibilización con la Naturaleza, ya viene desde bien chica. Recuerdo como lloraba cuando veía algún incendio en las notícias y me preguntaba ¿Y todos los animalitos? ¿Se habrán podido ir corriendo? Pensar en que una hormiguita se había podido morir allí, me hacía encoger el estómago.
Un día hablando con un grupo de amigos sobre éste tema, uno de ellos, al que además considero muy comprometido con ésta causa, al notar como me encendía según la conversación iba avanzando, me dijo “Mayte, con los mayores ya no hay nada que hacer, la clave son nuestros pequeños”. ¡Y cuanta razón!
De ahí la segunda parte del título de ésta entrada “La maternidad como semilla del cambio” !!!!!!Si!!!!!! Amig@s, en nuestras manos tenemos el poder.
Convencida de ello, comencé durante mi embarazo a cuestionarme si estaba haciendo, dentro de mis capacidades, lo posible, mi granito de arena. Una vez me sinceré conmigo misma, me di cuenta de que no podía seguir dejando mi pequeña aportación al cambio, en manos de la pereza y de la falta de tiempo, así que me puse manos a la obra a modificar mis rutinas diarias. Total, dicen que las acciones repetidas durante más de 21 días seguidos, se acaban convirtiendo hábitos y estando dentro de nuestra “zona de confort”, es mucho menos costoso llevarlas a cabo. Mi pareja ha sufrido en sus carnes todo el proceso (Gracias cariño, ¡Te quiero!) y de hecho lo ha integrado en mayor o menor medida en su vida. Hace pocos días me comentó que había reclamado en el trabajo que pusieran una papelera para separar el papel del resto de residuos, ya que le molestaba tirar el papel junto con lo demás. ¡Ya veis! Arrastrado por mí, pero finalmente comprometido.
Estoy 100% convencida de que si mi hija crece en un hogar con costumbres comprometidas, viviendo con el ejemplo, sensibilizada con la Naturaleza, será mucho mas probable que, según vayan pasando los años, sea ella la que dé ejemplo en su entorno.
En definitiva, todo es una cadena y como me dijo mi madre cuando le expliqué todo ésto que me removía la mente, “Un garbanzo no hace puchero, pero ayuda a su compañero”.

Un abrazo, y ¡Os deseo muchos momentos felices!

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