¡HIJITIS!

Hoy voy a confesar algo, a cara y teta descubiertas, porque ya está bien de echar la culpa a otros, de excusarnos y de escondernos detrás de un montón de pañales.

Voy a confesar y con este gesto de valentía espero ayudaros a muchas de vosotras: vamos a derribar falsos mitos y tabúes, vamos a ser sinceras: tengo HIJITIS.

Sí, sí, que se sepa: la “mamitis” no existe, la inventamos nosotras por vergüencita, para que no nos señalaran por la calle riéndose, y a base de decirlo una y otra y otra y otra vez, logramos que el resto del mundo lo creyera…

Tengo HIJITIS, en mi caso desde el 8 de enero de 2016. Fue un brote repentino y tan intenso, que es crónico, de por vida y no tiene cura.

No puedo dormir si mi hijo no duerme a mi lado; ha quitado la barrera de su cuna y la ha pegado a mi cama para poder darme la mano por la noche y que yo sueñe sólo cosas bonitas. Y, por si me da miedo la oscuridad o pudiera creer que me ha dejado sola, se despierta varias veces por la noche y me abraza. Siempre velando por mí.

Cuando estoy intranquila o triste o asustada, sé que siempre puedo darle el pecho y calmarme, sabiendo que su peso en mi regazo reconforta mi alma. Si tengo hambre, ella también tiene, siempre, para lo que yo nunca coma sola. Ni aburrida, porque hemos comido en cientos de lugares, pero ella siempre se ha adaptado: el coche, el parque, un chiringuito de playa, el centro comercial, el centro de salud…

Siempre necesito tenerle en brazos, sentada o de pie, y que me dé su calorcito. Ver la tele con el dormidito encima de mí es lo más relajante del mundo… tanto, que a veces yo echo una cabezadita también. Y el nunca se queja por llevarle en brazos: es un santo.

Nos hacemos ‘selfies’ juntos y el siempre sonríe porque sabe que me hace feliz y trata de coger el móvil para echar la foto: ¡con tal de ayudar, lo que haga falta! Y así con todo: me ayuda con la taza de desayuno, con el pañuelo de papel si tengo que sonarme, con los botones de la camisa al vestirme… ¡Hasta me ayuda a peinarme varias veces al día!

Esté con quién esté, el siempre me busca, asegurándose de que estoy bien: me busca con su mirada y me sonríe, y se viene conmigo porque sabe que le necesito y que, en el fondo, tengo envidia de que esté con otra persona.

Y, lo más importante, aunque aún no sabe hablar, me hace saber que soy la mejor madre del mundo para el, digan lo que digan.

¿Cómo no voy a tener hijitis?

Chicas, hacedme caso y confesad: demos visibilidad a esto y dejemos atrás la mentira de la “mamitis”. El primer paso es reconocerlo y el segundo es… ¡reírnos del mundo y de nosotras mismas!

Autora: Noe Caballero

Noe, ¡Gracias por tu aportación !

 

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